Crisis de empleabilidad juvenil lleva a replantear el currículo ante un mercado que exige nuevas habilidades.
El panorama para el joven profesional peruano es desafiante. Según cifras proyectadas al cierre de 2025, el 85.2% de los jóvenes en el Perú laboran en condiciones de informalidad, un problema que no solo priva al talento de beneficios sociales, sino que estanca la productividad del país. A esto se suma el fenómeno del desajuste de competencias: se estima que más de la mitad de los egresados en regiones clave desempeñan funciones que no corresponden a su formación académica.
Ante este escenario, se desarrolló el Encuentro de Rectores y Rectoras Perú-España 2026, organizado por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), donde la academia de ambos países presentaron estrategias para que el título universitario deje de ser un documento decorativo y se convierta en una llave efectiva al mercado laboral global.
De acuerdo con Jorge Luis Cáceres, Rector la Universidad Católica de Santa María, y Presidente de la Asociación de Universidades del Perú – ASUP; advirtió que una gran mayoría de jóvenes peruanos no logra trabajar en su área de formación académica, por lo que aconsejó a los actuales postulantes a evaluar con rigor su vocación y el perfil profesional antes de iniciar una carrera, y así procurar su éxito futuro.
Alianzas para romper brechas
Durante el panel denominado “Los retos de la empleabilidad estudiantil. Estrategias y buenas prácticas”, donde también participaron los rectores Pedro Fernández, Rector de la Universidad de Extremadura; Antonio Largo, Rector de la Universidad de Valladolid; José Céspedes, Rector de la Universidad de Almería; y Hermes Sifuentes, Rector de la Universidad Nacional de Trujillo; también se destacó que la empleabilidad no depende solo de las aulas, sino de la articulación entre el Estado, la empresa privada y la sociedad civil.
Un ejemplo de este enfoque de «cuádruple hélice» es el programa de Becas Esperanza Joven, una iniciativa de la Universidad Católica de Santa María donde la academia y el sector productivo (minería, industria y puertos) han logrado financiar la educación de más de 1,500 jóvenes de zonas de influencia directa. Este modelo no solo garantiza el acceso a la educación, sino que asegura una inserción temprana, ya que las empresas financiadoras realizan un seguimiento del desempeño del becario, acortando la brecha entre la teoría y la práctica profesional.
Hacia una empleabilidad con propósito
El encuentro también puso sobre la mesa la necesidad de «medir para mejorar». No basta con graduar estudiantes; las universidades deben auditar el desempeño de sus egresados y la satisfacción de los empleadores.
La meta final de este intercambio entre Perú y España fue consolidar una universidad que no sea un ente aislado, sino un motor de movilidad social. “Nuestro propósito es formar a los jóvenes con educación basada en la investigación científica y valores éticos para elevar la competitividad de los egresados, con el fin de que los futuros profesionales no solo busquen un empleo, sino que sean agentes de cambio para la sociedad”, concluyó Jorge Luis Cáceres Arce.
